23 enero 2016

ANTICRISTO SURGE, RECHAZARLO



ANTICRISTO SURGE, RECHAZARLO


8.- INSIDIOSO, PESADO, PERSISTENTE, INSOPORTABLE

1.- PARA DESCUBRIR AL ANTICRISTO

2.- SE PROVOCAN EL INFIERNO QUE PADECEN

3.- EL YO-EGO-ORGULLO ES EL ANTICRISTO

4.- SER DISCÍPULO DE CRISTO O ANTICRISTO ES ELECCIÓN PROPIA

5.- CONSIDERAR LA REALIDAD EN SU CRUDEZA, EL ALMA PADECE LA MUERTE

6.- TENEMOS AL ENEMIGO ADENTRO

7.- SOLO DE UNA MANERA NOS LIBERAMOS DE ÉSTE

9.- BASTA DE DAR VUELTAS

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8.- INSIDIOSO, PESADO, PERSISTENTE, INSOPORTABLE


 Se mete en todo, no deja de tratar de estar presente, es insistente, persistente, insidioso, pesado e insoportable, al final termina provocando lo que quiere evitar.

 Está desesperado, no quiere quedarse afuera, de una manera u otra busca ser tomado en cuenta, meterse, por ello es que busca prevalecer, reinar, imperar, imponerse.

 Lo domina la preocupación por sí mismo, se ahoga en el miedo, y en su demencia, locura, histeria, desesperación, quiere envolver a todas las almas.

 Tenemos que rechazarlo, vencerlo, expulsarlo, porque si se mete en nuestra vida, nos envuelve, sacude, transfunde su histeria, miedo, preocupación y nos arrastra a hacer cualquier cosa sobre la faz de la tierra perdiendo totalmente el rumbo.

 Debemos buscar a Dios, discernir Su Voluntad y con esto ponerle límites, de lo contrario seguirá asediándonos, enloqueciéndonos, atormentándonos.

 No tiene cura ni solución, si dejamos que se meta en nuestra vida nos llevará inevitablemente a la perdición.

 Cada uno tiene una responsabilidad única e indelegable de rechazar a este espíritu infernal de orgullo, egolatría, al anticristo que se alza para demandar adoración, que busca ser tenido en cuenta.

 Creemos que nos es útil y que es por y para nosotros, pero solo entra para servirse de nosotros, para hacerse ver, adorar, servir, tomar en cuenta.

 Considerar que se desespera por adquirir y conservar el poder porque así pretende asegurarse lo que quiere. Lo que quiere es ser tomado en cuenta, no quedarse afuera.

 Tenemos que defendernos contra este espíritu infernal, contra satanás mismo, y la forma es muriendo a nosotros mismos, dejando de satisfacer el ego, dejando de conformar el orgullo.

 Dejando de satisfacer el ego, deja de colarse el espíritu de orgullo que es rebeldía y que es satanás mismo metiéndose en nuestra vida desesperado para lograr ser adorado.

 Hay que obedecer a Dios, confiar en su Amor, seguirlo en su Revelación, solo así llegaremos  ser verdaderamente libres.

 Comprender que todos tenemos la responsabilidad personal de rechazarlo en la propia vida si es que queremos ser libres y si es que deseamos hacer algo bueno para la humanidad.

 Rechazando el orgullo y la egolatría, buscando a Dios, participando en su Revelación-Vuelta-Venida es que nos hacemos el Bien Verdadero y se lo hacemos a toda la humanidad.


1.- PARA DESCUBRIR AL ANTICRISTO


 El anticristo, antes que ninguna otra cosa, debemos considerarlo como un espíritu, su ser o esencia, y luego comprenderemos lo que es.

 Esto se debe a que primero todo es en el ámbito espiritual y luego se refleja en lo terrenal, produce efectos.

 La creación espiritual es el noventa y nueve por cien de la creación y la creación material es el resto. La comparación es el témpano de hielo o iceberg, donde lo que se ve es la mínima parte.

 Es un espíritu de orgullo, amor propio, deseo de adoración, una exaltación de sí mismo. Esto se debe a que es miedo, preocupación por sí, vacío, desolación, ausencia y negación de Dios, rebeldía contra Su Voluntad.

 Anticristo es esa exaltación del ‘yo’ tan generalizada en estos tiempos, es un ser caprichoso, obtuso, inmaduro, centrado en sí mismo que solo ve lo que quiere, que se imagina lo que no quiere, que permanece centrado-encerrado en sí, abismado en su miseria.

 Solo mira lo que quiere y lo quiere en el instante, sí o sí y sea como sea sin importarle nada ni nadie porque su desesperación es satisfacerse, conformar su ego, saciar su ambición, hacer caprichosamente lo que se le antoja demostrando rebeldía, desafiando.

 Se vale por sí mismo siempre porque es rebelde y se siente orgulloso de serlo. Le rinde culto a esta imagen delirante de sí, abominable, corrupta. Está satisfecho de ser repugnante, grosero, vicioso, celebra todo lo que sea esa falsa liberación que es la exageración de vicios, vanidades, inmundicias, corrupciones, abominaciones, caprichos, depravaciones.

 Es un absolutista monárquico, falso rey, rey infernal que se alza para demandar ser adorado, visto, tomado en cuenta y que no le interesa mas que lograr esa satisfacción, conseguir saciedad para su sed infernal de adoración.

 La violencia es su método porque es caprichoso obtuso y ambicioso y no acepta limitaciones a su ego narcisista infernal, se considera habilitado para odiar y aborrecer a quien le pone límites y a quienes no lo satisfacen como lo desea, se le antoja y siente que lo necesita.

 Considerar que por el abismo del ego se alza el delirio orgulloso, surge el súper-yo violento, ambicioso, desesperado por satisfacerse, saciarse, hacerse adorar, servir, obedecer. Se alza movilizado por la furia infernal y decidido a satisfacer sus caprichos, vicios, ambiciones.

 El anticristo es el ‘yo’ manejado, capitaneado, manipulado, alzado y usado por satanás. Esto produce la exaltación del yo-ego de las personas, cada uno lo vive en sí y también del conjunto de personas y ahí tenemos un anticristo mundial.

 Al fortalecerse en la vida personal de cada uno, se hace fuerte y presente en el mundo, se construye un mundo sin Dios y en contra de Él donde lo humano es exaltado y lo divino olvidado, deformado, adulterado y rebajado.

 La exaltación de lo humano es satanismo, es la doctrina infernal, es lo que ha propiciado satanás desde el principio, elegirse a sí mismo, considerarse dios, no aceptar los límites que Dios como Buen Padre dispone para educar a sus hijos.

 Considerar que ‘humanismo’, es el nombre con el que las sectas satánicas han extendido su doctrina en el mundo obrando como su líder que enmascara y disimula sus perversas actividades presentándolas como buenas, necesarias, útiles, oportunas, etc., nunca satanás ofrece su veneno directamente como tal porque solo los dementes y los ambiciosos lo aceptarían.


2.- SE PROVOCAN EL INFIERNO QUE PADECEN


 Es una sed insufrible, un deseo infernal de ser adorado, algo insoportable que atormenta a las almas.

 Arden en el deseo de adoración infernal, se consumen, se convierten en cenizas, se reducen a la condición de demonios mientras que se retuercen desesperadas e histéricas buscando saciar su sed.

 Las almas padecen como en el infierno acá en la tierra, sufren el deseo infernal de adoración.

 Éste surge porque son ególatras, piensan en si mismas, no aman-adoran a Dios y ahí es donde provocan el vacío de su ausencia.

 Al no aceptar a Dios, al no darse a Él, no lo tienen, no lo reciben, por ello es que sufren su ausencia, vacío y padecen la abominable adoración en la que se consumen autodestruyéndose, convirtiéndose en cenizas, y en la que se consuman como demonios.

 Dicen ‘yo’ y se hunden en sí mismas, en el abismo infernal de su ego. Sumergiéndose en el vacío de la ausencia de Dios que provocan arden desesperadas queriendo ser adoradas, temiendo no ser amadas.

 Ahí continúan diciendo ‘yo, yo, yo’ con desesperación, angustia, histeria, obsesión, buscando ser tomadas en cuenta, no queriendo pasar desapercibidas, queriendo saciar su sed de adoración.

 Ahí se vuelven caprichosas histéricas insoportables, maniáticas odiosas resentidas, se convierten en similares a demonios y es porque están abismándose en el infierno de su ego, se pierden dentro de sí mismas.

 Solo ven oscuridad, vacío y desolación porque piensan en sí, porque se hunden-sumergen en sí, y de ahí es que surge el deseo desesperante de ser tomadas en cuenta, vistas, adoradas, no despreciadas y ahí es donde se vuelven histéricas, maniáticas, obtusas, insoportables, caprichosas, etc.

 No se van a liberar del infierno que las atormenta haciéndose adorar, se van a libera saliendo del abismo de su ego, dejando de pensar en sí, dejando de dedicarse a sí mismas, dejando de buscar, demandar y exigir adoración.

 Se van a liberar aceptando a Dios, sembrando lo que quieren cosechar, adorando a Dios para ser amadas por Él.

 Si buscan adoración rivalizan con Dios, se sumergen en su ego y se consumen deformándose a imagen y semejanza de los demonios.

 Se provocan el infierno que padecen porque dejan a Dios afuera de su vida, si quieren ver algo diferente van a tener que hacer algo diferente, van a tener que salir de su ego abismal, dejar de satisfacer su deseo de adoración porque así es como crece, se multiplica, extiende e impera.


3.- EL YO-EGO-ORGULLO ES EL ANTICRISTO


 El orgullo-yo-ego es el anticristo.

 Esto se debe a que es el mismo amor propio, la preocupación por sí, la dedicación miserable a sí mismo.

 No acepta límites, no quiere otra cosa mas que satisfacerse sin cesa y nunca se da por conforme o satisfecho, siempre quiere mas y mas hasta reventar.

 Siendo humillado, limitado, vencido, derrotado, primero se espanta, se hunde, se lamenta, pero después se alza furioso y despiadado queriendo venganza.

 Ahí surge como deseo de adoración infernal ardiente, busca prevalecer violentamente, sea como sea quier imponerse y procurarse la satisfacción que ambiciona.

 La persona ve esto como justo, debido, necesario, urgente, oportuno, no comprende que a veces es conveniente perder para ganar.

 Es conveniente perder, sea humillado, vencido y derrotado para no volverse delirante de orgullo, para no llegar a ser un idiota, un demente que se droga diariamente con soberbia.

 Este orgullo-yo-ego quiere ser único, no quiere aceptar límite alguno, entonces, la mas mínima contradicción, oposición, es motivo de escándalo, es la excusa para hace un berrinche histérico infernal.

 Con desesperación se mueve para evitar esa limitación aun al punto de autodestruirse y de arruinar todo en derredor.

 Mueve este yo-ego-orgullo a buscar siempre el triunfo, ganar, imperar, imponerse, el éxito, pero según el mundo.

 Ahí es donde la persona se vuelve caprichosa, obtusa, terca, demente que delira de orgullo y vaga sin rumbo arruinándose, negándose a ve la realidad, que esta estropeándose, corrompiéndose, pudriéndose en vida.

 Las personas que alimentan su ego, conforman su orgullo, se convierten en anticristos, tienen el espíritu del anticristo, se arruinan, niegan que Dios sea Dios y aun sosteniendo que lo es, lo dicen solo con la boca porque son hipócritas preocupados por sí y desesperados por satisfacer su ego.

 Lo que deben hacer las personas es limitar su ego-orgullo-yo buscando a Dios, aceptándolo, discerniendo su Voluntad y obedeciéndolo, así es como generan en su interior el amor a Dios y el lugar para que Él Viva y Reine, así es como llegan a liberarse del delirio orgulloso y a tener a Cristo en su lugar de Rey, Dios, Señor, Salvador.


4.- SER DISCÍPULO DE CRISTO O ANTICRISTO ES ELECCIÓN PROPIA


 Es miedo, es preocupación por sí mismo, es prudencia, es el mismo instinto de conservación, lo mas bajo, esencial e instintivo totalmente irracional.

 Es la propia naturaleza humana, lo que somos en lo mas profundo, lo mas ínfimo y elemental.

 Es algo que no podemos dejar de ser, pero también es lo que no puede ser exagerado, cultivado o extendido porque se vuelve obsesión, histeria, desesperación, demencia, infierno.

 Nos hundimos-encerramos-abismamos en nosotros mismos, es decir, pensamos en nosotros y ahí perdemos la noción de la realidad, vemos todo detrás de un velo oscuro que entorpece la apreciación provocando mas miedo, espanto, preocupación.

 Si alimentamos esto, si dejamos crecer, ser y prevalecer esta exageración de lo humano, si le rendimos culto y caemos en el humanismo narcisista egolátrico infernal, nos deformamos.

 Ahí es donde nos ponemos de cabeza y crece lo mas bajo e instintivo de nuestro ser, ahí se genera orgullo, fantasía, delirio y quedamos totalmente ciegos y encerrados en nosotros mismos, apartados de la realidad.

 Ahí es donde nos bestializamos, nos volvemos bestias deformes, abominables, infernales.

 Ahí se exageran los vicios porque solo nos dedicamos  a satisfacernos y crecen deformidades, surgen esos gusanos infernales que nos carcomen, devoran y transforman.

 Se produce un abismo que es el ego, que es el vacío, que es la ausencia de Dios y de ahí surge la desesperación por ser adorado, tomado en cuenta, visto, no despreciado fogoneada, alentada y alterada por el miedo, por la preocupación por nosotros mismos.

 La única manera de librarse de esto es con un Santo Sacrificio, el sacrificio de sí mismo, de la propia voluntad, dejando de satisfacer el ego, dejando de conformar el orgullo, dejando de saciar vicios, dejando de concretar ambiciones.

 Acá es que El Señor, El Salador, pidió renuncia a sí mismo, por ello es que debemos discernir Su Voluntad renunciando a la propia para seguirlo-obedecerlo a Él.

 La persona que no sigue al Señor, Jesús, El Salvador, se hunde en sí misma deformándose a imagen y semejanza de satanás y sus demonios, cada uno elige si ser anticristo o discípulo de Cristo.


5.- CONSIDERAR LA REALIDAD EN SU CRUDEZA, EL ALMA PADECE LA MUERTE


 Debemos ver donde estamos alimentando el ego, satisfaciendo el orgullo, porque ahí es donde nos envenenamos, el alma se enferma, muere, pudre y deforma, aunque no deja de existir.

 Cambia su esencia, modo de ser, deja de ser viva, pasa a ser muerta, existe en una no-existencia, se halla en estado de muerte.

 Sufre, padece, como condenada, arde como desesperada infernal en sí misma, en la ausencia de Dios que ha provocado en su egolatría, orgullo, caprichos, vicios, ambiciones.

 Hagamos lo que hagamos en el mundo no vamos a hallar consuelo o alivio alguno, se trata de cuestiones espirituales, no hay remedio terreno para esto.

 La solución es espiritual porque el problema es espiritual.

 La solución es Dios mismo, la Salvación, su Hijo, su Revelación.

 Debemos hacer el esfuerzo de salir del abismo d egolatría narcisista infernal, dejar de satisfacer el ego, dejar de ser caprichosos, ambiciosos, obtusos, tercos desesperados por conformarse a sí, tenemos que comenzar a madurar, crecer, evolucionar espiritualmente para salir del abismo del ego, del infierno de la ausencia de Dios.

 Buscan soluciones en el mundo y lo único que hacen es conseguir paliativos y perderse en placebos, no tratan la enfermedad real que es espiritual, que es la ausencia de Dios que han provocado.

 No están solucionado el problema de raíz, la causa de todo mal que padecen, no hacen mas que seguir perjudicándose.

 Considerar la realidad en toda su crudeza, el alma está muerta, padece muerte.

 El alma padece la muerte, o sea, la ausencia de Vida, la carencia de Dios y esto no lo solucionan ni les interesa, pero de esto depende todo en este mundo y para la eternidad.

 Que se halle muerta no significa que deje de existir, significa que muda o cambia su manera de ser, pasa a ser sufriente, padece como condenada, no ve, no conoce ni tiene mas que tormentos.

 Si las personas quieren ver-conocer-tener algo diferente, van a tener que salir del abismo del ego, de ese sepulcro infernal, van a tener que dejar de hundirse-sumergirse en su nada miserable, dejar de ser caprichosas, comenzar a buscar a Dios, evolucionar, madurar, crecer espiritualmente.

 Si buscan y reciben a Dios, si aceptan su Revelación y obedecen su Palabra, comienzan a recibir Vida, Espíritu, alimento espiritual, son purificadas, la muerte es vencida, derrotada y desterrada, pasan a una nueva existencia feliz, aliviada, Dios vive con y en ellas.



6.- TENEMOS AL ENEMIGO ADENTRO


 Tenemos al enemigo adentro, es el orgullo-ego-yo.

 Nos domina, somete, esclaviza, se impone, reina, prevalece y creemos que es a favor de nosotros, no vemos que es él por él mismo y solo nos usa.

 Existe alimentándonos, nutriéndose de nosotros, succionándonos vida, consumiéndonos, robándonos vitalidad.

 Se forma ese delirio de orgullo maníaco y caprichoso que vuela, impera, se impone y nos domina, somete disponiendo de nuestra vida.

 No podemos vivir realmente con esto adentro porque determina la vida, decide, exige ser tomado en cuenta, obedecido, servido, quiere verse satisfecho.

 Realmente vivimos para conformarlo, saciarlo, satisfacerlo, no vivimos para nosotros sino para ese ego-delirio-orgullo.

 Saciándolo, conformándolo, satisfaciéndolo, crece, se extiende, multiplica y cada día somos mas esclavos, a cada instante nos vemos mas sometidos.

 Si saciándolo crece, no va a darse nunca por satisfecho, a cada instante va a demandar mas y así es como vamos a consumirnos en el inútil dedicarnos a conformarlo.

 Ahí es donde somos miserables, porque todo se lo tributamos al abismo del ego, todo se lo damos, la vida entera se la dedicamos.

 Quedamos arruinados, consumidos, destruidos por satisfacer el ego, conforma el orgullo, por dedicarnos miserable y constantemente a nosotros mismos.

 Comprender que nos enroscamos en nosotros, nos hundimos en el abismo propio autodestruyéndonos, consumiéndonos en una actividad inútil y ahí nos deformamos a imagen y semejanza de demonios.

 Debemos dejar de satisfacer al enemigo interior para deja de estar a merced de los enemigos exteriores, tenemos que dejar de satisfacer el ego, dejar de conformar el orgullo, dejar de exaltar al ‘yo’ que es un delirante enfermo de orgullo preocupado por ser adorado que nos arrastra a la ruina infernal.


7.- SOLO DE UNA MANERA NOS LIBERAMOS DE ÉSTE


 Siempre tratamos de arreglarnos solos, buscamos la manera de seguir adelante siempre sin recurrir a Dios, sin abandonar caminos caprichosos, ambiciosos, corruptos, etc.

 Decimos que es bueno y triunfo, pero la realidad es que se trata siempre del orgullo, amor propio, de esa fingida autosuficiencia soberbia que subsiste, prevalece y se dedica a imponerse.

 El orgullo-yo-ego no quiere ceder, morir, renunciar, siempre busca prevalecer, triunfar, reinar, imperar, imponerse.

 No acepta límites, no acepta correcciones, es persistente por lo terco y miedoso, por lo abominablemente caprichoso.

 Por miedo se preocupa hasta la locura y desconfía, no quiere confiar, aceptar.

 Se encierra en sí, se defiende, se aísla y su defensa es desconfiar, oponerse, dedicarse a imponerse, prevalecer, hacer triunfar su voluntad rebelde y de oposición.

 Esto crece, se extiende y cuanto mas tiempo lo dejamos prevalecer, se fortalece de manera tal que llegamos a ser esclavos y solo nos encaminamos a la perdición eterna.

 Debemos abandonar el delirio orgulloso, dejar de ser caprichoso, hacer el esfuerzo de confiar en Dios, de creer en su Amor, tenemos que dejar de hacernos falsamente fuertes que es lo que hacemos cuando desconfiamos diciendo que nuestro parecer es verdad, conveniencia, realidad.

 Considerar que solo confiando en Dios, creyendo en su Amor, obedeciendo al Señor, siguiéndolo en su Revelación, vamos a salir de nosotros mismos, vamos a evitar perdernos-ahogarnos en el abismo del ego.

 Comprender que el orgullo no se da por vencido, siempre quiere prevalecer, reinar, imponerse, la única manera es purgarlo, darle muerte y esto lo hace Dios, solo por purificación, otra manera no hay.

 Alternativas no hay, considerar que el orgullo muta, cambia, puede incluso llegar a fingir piedad y es ahí donde surge una falsa religiosidad, un culto superficial, superfluo, en el que las personas se adoran a sí mismas, su imagen, o la imagen de sus líderes, sin llegar a adorar a Dios verdaderamente, sin obedecerlo.


9.- BASTA DE DAR VUELTAS


 No muere porque ya esta muerto, no puede mudar su esencia porque ya se encuentra eternizado en ese estado.

 Es insoportable, enfermizo e infernal, siempre quiere prevalecer, imponerse, imperar y lo llevamos adentro.

 Comprendiendo esto, debemos hacer el esfuerzo-sacrificio de liberarnos del orgullo porque solo puede llevarnos a la ruina mientras que nos miente-engaña haciéndonos creer que nos beneficia.

 Con culpa-miedo nos dedicamos a satisfacer el ego-orgullo, y lo mismo hacemos con otros y de esta manera acabamos siendo caprichosos sin Dios autodestruidos, arruinados, convertidos en similares a demonios.

 Nos auto-despreciamos, nos odiamos a nosotros mismos, nos miramos con pena, lástima, enfermiza e infernal autocompasión, por ello es que nos dedicamos a las obras infernales, por ello es que andamos buscando adoración, satisfacción en el ego.

 Con miedo, culpa, por debilidad, a todo decimos que sí y esto parece humildad, pero es vanidad, egolatría.

 Debemos dejar de conformar el ego, dejar de satisfacer el orgullo, porque ahí nos hundimos-encerramos oprimiéndonos y esclavizándonos.

 Todo lo aceptamos-soportamos y creemos que somos humildes, pero ahí generamos miedo, debilidad, culpa, y así es como nos condenamos a permanecer en un círculo vicioso autodestructivo y esclavizante.

 A la Luz de Dios debemos discernir donde es que estamos satisfaciendo el ego, conformando el orgullo y ahí ponerle límites, dejar de hacer lo que hacemos o de demandar lo que queremos, porque eso no es para nosotros en realidad sino que es para el ego-orgullo y es donde éste continuará creciendo y nosotros seguiremos debilitándonos.

 Hay que dejar de mirar hacia atrás, dejar el pasado en el olvido, porque si lo seguimos mirando, continuamos trayéndolo al presente y así es como seguimos reviviéndolo solo para padecer y atormentarnos.

 Hay que levantar la cabeza, salir de sí mismo, dirigirse a Dios, no hundirse mas en el abismo del ego, debemos buscar la Voluntad de Dios y seguirlo-obedecerlo negándonos completamente a nosotros mismos, venciendo la preocupación por sí que es donde satanás se mete, alza y pretende imponerse.

 Nada mejor que abrazar la Cruz y perseverar en el Camino. Hay que abrazar la Cruz de la Revelación, de la negación de sí mismo, de buscar a Dios y de seguirlo-obedecerlo en su Revelación que es donde verdaderamente lo tenemos.

 Tenemos que dejar de querer desconfiar, dejar de querer dar vueltas, dejar de mirar atrás, de quejarnos y cuestionar.

 Debemos abraza la Cruz, confiar en El Señor, no escuchar al adversario que nos quiere hacer volver atrás insistentemente, que nos golpea, azota, castiga y/o seduce para hacernos volver atrás, para imponernos que nos olvidemos de Dios y nos apartemos de Su Voluntad.

 Si puede insidiarnos el enemigo es porque no hemos abrazado la Cruz de la Verdadera confianza en Dios todavía.

 Cuando abracemos la Cruz y confiemos enteramente en El Señor, seremos libres de las insidias de satanás, pero tenemos que dejar de querer desconfiar de Dios, porque si abrimos una hendija, el enemigo enseguida se cuela metiendo cuñas, sembrando grandes dudas y desconfianzas para separarnos de Él.

 Considerar que en el vacío de la ausencia de Dios lo que el adversario ofrece, impone, exige, demanda, parece bueno, justo, conveniente, inevitable, etc., de nosotros depende ignorarlo, rechazarlo y hacer el esfuerzo de volver a Dios para que Él vuelva a nosotros y de esta manera los enemigos retrocedan y sean vencidos, desterrados, echados, confinados a su lugar en el olvido, las tinieblas, el infierno, la oscuridad.




Dr. Jorge Benjamín Lojo.

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